BEATO JUAN BAUTISTA FAUBEL CANO

EL SIERVO DE DIOS – JUAN BAUTISTA FAUBEL CANO

MÁRTIRES DE CRISTO DE LA ARCHIDIÓCESIS DE VALENCIA

JUAN BAUTISTA FAUBEL CANO

PIROTÉCNICO

LIRIA

ORACIÓN

Oh Dios, gloria y corona de los mártires, que escogiste para el apostolado laical a tu Siervo JUAN BAUTISTA FAUBEL CANO y le concediste asemejarse a tu Hija en una muerte como la suya: te pedimos alcanzar por su intercesión las gracias que ahora te suplicamos y verle glorificado para bien de tu Iglesia. Por Jesucristo N.S.

Amén.

Padre nuestro, Ave María y Gloria.

María, reina de los Mártires, acoge nuestra oración.

EL SIERVO DE DIOS

JUAN BAUTISTA FAUBEL CANO

CASADO

PIROTÉCNICO

MÁRTIR

  1. INTRODUCCIÓN

El interés del Papa por las causas de los santos, en especial por las de los mártires, es de todos conocido. En sus años de pontificado Juan Pablo II ha elevado al honor de los altares a muchos hombres y mujeres de nuestro siglo, que dieron su vida por Cristo. Los sistemas ideológicos y políticos pasan y el sacrificio de quienes murieron permanece y es semilla de nuevos creyentes. Los mártires del siglo XX son héroes de nuestro tiempo, como fueron los de los primeros siglos del cristianismo. Recordar a los que sufrieron por la fe, es garantía de esperanza y preludio de eternidad, en este final y principio de milenio.

En este estudio incluimos sólo a aquellos cuya muerte, a causa de la fe, ha sido probada por medio de la “Positio”. No hablamos, por tanto, ni de las victimas de la guerra, ni de las víctimas de la represión política, ni de otros posibles mártires en proceso. Es fundamental distinguir claramente estos conceptos. Conocer quienes murieron “in odium fidei” o “in odium Ecclesiae”, quienes murieron en el campo de batalla o en la retaguardia, y quienes fueron victimas de la represión política. Todas las personas –caídos o víctimas- merecen el máximo respeto. <Pero aquí nos referimos únicamente a los sacerdotes, religiosas y laicos que encontraron la muerte por la repercusión que su compromiso y misión apostólica tuvo en sus parroquias, en su familia, o en sus congregaciones religiosas. Exponemos casos de personas sencillas y honestas de la comunidad cristiana, no mostramos a personajes ricos o influyentes de la sociedad. Cualquier medio es bueno para presentar la excelente calidad humana y la coherencia cristiana de esos hombre y mujeres de “la Nostra Terra”. Benaguacil, Bétera, Paterna, Turís son lugares, entre otros, relacionados con nuestros mártires.

Y aunque, es elevado el número de mártires que serán reconocidos por la Iglesia, en este opúsculo se delimita el campo: señalamos, a aquellos que nacieron en la comarca Campo de Túria, y acotando más el terreno, a uno que habiendo nacido en Liria, ejerció su apostolado laical en la misma ciudad Edetana . La biografía del Siervo de Dios Juan Bautista Faubel Cano es poco conocida. A estas alturas es inexcusable ignorar la trayectoria de este seglar “testigo valiente de Cristo”. La indiferencia respecto a los mártires no cabe entre los que se declaran cristianos y católicos practicantes, a veces con mucha ostentación externa.

2.   LA PERSECUCIÓN RELIGIOSA

La persecución religiosa desatada en España entre los años 1931 al 1939, y concretamente en los pueblos del Campo de Túria, motivó que numerosos cristianos reaccionasen en contra de la ideología antirreligiosa fomentada por la Autoridad legítimamente constituida. El régimen ateo, laico y laicista provocó la mayor persecución religiosa jamás conocida y muchos murieron. Ante quienes despreciaban a la Iglesia y buscaban su destrucción, bastantes afrontaron la muerte por amor a Dios y a Jesucristo, con firmeza y paciencia. Los casos que mostramos “confesaron” su fe hasta derramar su sangre. El martirio fue, por tanto, la prueba suprema de su amor a Dios: “No hay amor más grande que dar la vida por los amigos”.

La historiografía moderna ha demostrado, y en la documentación presentada a la Congregación romana para las Causas de los Santos ha quedado claramente probado, que en el período 1931-1939 en España se persiguió a los cristianos en nombre de principios masónicos, comunistas y anarquistas.

2.1.  LA PERSECUCIÓN RELIGIOSA EN LIRIA

Nada más comenzar la revolución fueron devastadas interiormente todas las iglesias de la población, profanadas y quemadas todas las imágenes y preparadas listas negras de sacerdotes, hombres y mujeres católicos para ser asesinados.

La iglesia arciprestal fue convertida en mercado y las de San Francisco y el Remedio en garajes. El célebre Santuario de San Miguel, patrono de Liria, la ermita de San Vicente y la iglesia de la Sangre, que poseían imágenes y lienzos de gran valor artístico, también sufrieron los efectos de la devastación. El Archivo Parroquial fue completamente quemado, pudiendo salvarse solamente algunos libros de índices. Ante estos desmanes poco pudieron hacer las personas de orden, que no podía oponerse a las violencias y atentados sin riesgo grave de sus vidas.

Seis sacerdotes del clero local o residente en Liria fueron asesinados, así como 31 seglares, entre los cuales nuestro mártir Juan Bautista Faubel Cano, un conocido y admirado pirotécnico por su militancia católica. Todo ellos murieron, dando el testimonio supremo de su fe con la entrega de su sangre.

El culto católico fue totalmente suprimido por decisión gubernativa y también por el temor de los católicos a manifestarse públicamente, si bien se organizaron en la clandestinidad para recibir los sacramentos.

  1. LA IGLESIA HONRA A LOS SANTOS
  1. Planteamiento bíblico: La Iglesia desde hace muchos siglos, se puede decir que desde siempre, honra a los santos, a aquellos que ha considerado servidores fieles, y que han merecido entrar en el gozo del Señor. Los primeros indicios de un culto reverencial tributado a los mártires aparecen ya en Nuevo Testamento. En el Evangelio de Mateo, los discípulos de Juan el Bautista, cuando se enteraron de que Herodes le había mandado decapitar, tomaron el cadáver y lo sepultaron. Se trató de un acto humanitario, cierto, pero no quedó restringido a un comportamiento de mera sensibilidad humana, pues encerraba una nítidamente diferenciada intencionalidad religiosa, por tratarse del cadáver de quien era más que profeta, y había sido elegido por Dios para anunciar ante el mundo la presencia del Mesías.

Más explícita es, todavía, la referencia que ofrece en los Hechos de los Apóstoles, con ocasión de la muerte de Esteban. Dice el texto: “A Esteban lo recogieron algunos varones piadosos, e hicieron sobre él gran luto”. Luto de dolido llanto cristiano, que brotaba de la fe y del reconocimiento al protomártir. Y aún voy a citar otro texto del Apocalipsis, que dice: “Cuando abrió el quinto sello, vio debajo del altar las almas de los que habían sido degollados por la Palabra de Dios y por el testimonio que habían dado. Y a cada uno le fue dada una túnica blanca”.

En la visión apocalíptica, quienes han sido mártires por la fidelidad a la Palabra de Dios, aparecen ubicados junto al altar, para indicar que participan del nuevo rito del holocausto ofrecido al Señor. Su presencia junto al altar del nuevo culto celeste y vestidura blanca con la que son investidos, han de ser interpretados como los tributos de la santidad, otorgados a quienes por ser fieles a Dios han sido capaces de ofrecer su propia vida.

Desde este planteamiento bíblico, resulta comprensible y consecuente que la naciente Iglesia honrase a los mártires, tributándoles un culto similar al descrito en el Apocalipsis, pues hizo de sus sepulcros aras para el sacrificio eucarístico.

  1. Planteamiento teológico: Pero la Iglesia no sólo honra a los mártires, sino a cuantos han sido fieles a la palabra de Dios, fuese cual fuese su estado civil y situación eclesial que tuviesen. Los confesores y las vírgenes, los reyes y los plebeyos, los adultos y los jóvenes, los célibes y los casados, todos, y en cualquier parte del mundo, han recibido el honroso reconocimiento de su fidelidad a la Palabra de Dios . Por haber sido fieles a Dios, la Iglesia les ha honrado con el título de santos.

Hay que reconocer, que la santidad que la Iglesia reconoce a los hijos más prestigiosos, revierte en homenaje de Dios, al que sirvieron, y por cuyo servicio han merecido la dignidad que se les otorga. Por ello, al proclamar la santidad de los siervos de Dios, a quienes en verdad se honra es al mismo Señor, desde quien y ante merecieron tal título. Así aparece formulado en un sermón atribuido a San Agustín, donde se proclama: “Esta solemnidad, hermanos míos, es un honor a Dios por medio del siervo de Dios”.

Los santos son, por lo tanto, el fruto sazonado de la acción del Espíritu Santo en la Iglesia. . Por la fidelidad a la acción del Espíritu, que les ha unido vivencialmente a Cristo, la Iglesia les tributa culto, y los incorpora en el calendario de las celebraciones litúrgicas. La conmemoración de los santos a lo largo del año litúrgico, testifica el reconocimiento  de la comunidad a quienes han sabido realizar su propia vida y llevar a cabo su vocación cristiana en un comportamiento de fidelidad a la gracia divina. Como se ha dicho, la santidad que la Iglesia reconoce en sus hijos revierte en homenaje a Dios. Al proclamar la santidad, a quien verdaderamente se honra es al mismo Señor.

A la luz de lo expuesto, se comprende el sentido pleno de esta preciosa formulación del concilio Vaticano II: “La fe confiesa que la Iglesia no puede dejar de ser santa… Por eso todos en la Iglesia, pertenezcan a la jerarquía o sean regidos por ella, están llamados a la santidad, según las palabras del Apóstol: lo que Dios quiere es que seáis santos. Esta santidad de la Iglesia se manifiesta sin cesar y debe manifestarse en los frutos de la gracia que el Espíritu Santo produce en los fieles. Se expresa de muchas maneras en aquellos que en su estilo de vida tienden a la perfección del amor con edificación de los demás” (LG 39).

El santo se convierte, por tanto, en instrumento para adentrarse en el conocimiento de Dios, y cada santo con su vida pone de manifiesto con especial realce, algún aspecto divino, que, a través del servidor fiel, se hace más patente al resto de los mortales dentro y fuera de la Iglesia. El santo es, en ultimo término, un portador de Dios a los hombre, y por ello un santificador de la sociedad y de la historia.

 

 

  1. PERSONALIDAD Y FISONOMÍA MORAL DEL SIERVO DE DIOS

JUAN BAUTISTA FAUBEL CANO

CASADO

PIROTÉCNICO

4.1    APARATO PROBATORIO

De los 11 testigos de depusieron en el proceso dos fueron de oficio, una religiosa conocida del Siervo de Dios (=SdD), la Hna. Ana de San Miguel y un compañero de prisión, el Sr. Luis Soler Pérez. Otros dos testigos fueron, una religiosa que estuvo refugiada en la casa del SdD durante la persecución religiosa del 1936, la Hna. Agustina de San Joaquín y la otra es la Hna. Ana de San Miguel. Testificó también una empleada del Siervo de Dios, la Sra. Carmen Cotanda Izquierdo. Cuatro pariente del SdD fueron testigos en la causa: su esposa, la Sra. Patrocinio Olba Martínez, la hija, la Sra. Josefina

Faubel Olba, su primo, el Sr. José María Cano Novella y la cuñada del SdD, la Sra. Dolores Chisbert Quintero.Dos testigos fuern compañeros de prisión, el Sr. José Rodrigo Nueso y el Sr. Luis Soler Pérez ya mencionado. Testificaron también la Sra. Dolores Torres Torres, conocida de Juan Bautista Faubel, y la Sra.  Carmen Silvestre Izquierdo, vecina del SdD.

4.2    PERFIL BIOGRÁFICO DEL SIERVO DE DIOS

El SdD nació el 3 de enero de 1889 en la ciudad de Liria, provincia y diócesis de Valencia, y fue bautizado en la iglesia parroquial de la Asunción de Nuestra Señora de la ciudad de Liria. Recibió el sacramento de la Confirmación y el sacramento de la Eucaristía en la iglesia arciprestal de Liria. Frecuentó la escuela nacional y aprendió la profesión de pirotécnico de sus padres y completó su formación estudiando privadamente. Estaba considerado uno de los mejores pirotécnicos de la región. Obtuvo premios en Valencia y Zaragoza. Contrajo matrimonio con Patrocinio Beatriz Olba Martínez. De dicho matrimonio nacieron tres hijos: Patrocinio, Josefina y Juan Bautista.

Vivió auténticamente su vocación laical, tratando de impregnar de espíritu evangélico las realidades temporales en las cuales vivió su condición de esposo y padre de familia y su profesión de pirotécnico, destacándose siempre por su integridad moral en la profesión y como excelente ciudadano católico. Hombre de fe profunda, participaba a la Misa y recibía la comunión diaria. Tenía su momento de meditación, rezaba el Rosario en familia. Era devoto del Sagrado Corazón de Jesús y de la Madre de Dios.

En esta intensa vida de piedad fue disponiendo su persona a una respuesta generosa a la acción Espíritu Santo que le lanzó al apostolado organizado siendo desde su juventud miembro de las asociaciones católicas locales, participando en ellas de manera activa. En ellas se formó y esta condición cristiana tuvo a gala confesarla en los momentos más graves de su vida.

Pertenecía a la Acción Católica, a la Cofradía de la Santísima Sangre, a la Corte de María,  a la Cofradía de la Virgen de los Dolores, de la Virgen del Remedio, de San Vicente Ferrer, a la Orden Terciaria Franciscana y a la Adoración Nocturna. Apóstol social ejercía la caridad ayudando a los pobres en sus necesidades. Era presidente de la Derecha llevando una sección de socorro de pobres.

Por la intensa actividad apostólica que realizaba, era considerado por los enemigos de la Iglesia como un católico ferviente, por ello lo arrestaron y asesinaron.

4.3.    PERSONALIDAD Y FISIONOMÍA MORAL DEL SdD

Los testigos procesales afirman que era caritativo, fiel en el cumplimiento de sus cargos y buena persona. Los declarantes interrogados acerca de las virtudes practicada por el SdD describen una personalidad moral rica en la cual brillan las virtudes infusas en el bautismo, dentro de las cuales se subrayan especialmente los aspectos específicos de la espiritualidad laical. Lo describen como un fiel laico auténtico, coherente, que cumplió con exactitud sus deberes de esposo y padre. Comprometido activamente en el apostolado de los laicos.

4.4.    EL MARTIRIO MATERIAL

El perseguidor sin lugar a dudas provocó la muerte natural, cumpliendo uno de los requisitos, según la doctrina de Benedicto XIV, por los cuales se concreta el verdadero martirio. En el proceso, no obstante las dificultades para encontrar testimonios sobre el hecho del martirio del SdD, se consiguieron suficientes testigos. A) Del hecho y las circunstancias de la detención depusieron de visu dos personas, su esposa e hija. B) Del período transcurrido en la cárcel dieron testimonio de visu, cuatro personas, su mujer, hija,  primo y empleada del SdD quienes lo visitaron en prisión, y unos compañeros de prisión, los Sres. José Rodrigo Nueso y Luis Soler Pérez. C) Del traslado de la cárcel al lugar de ejecución, y del fusilamiento atestiguaron de auditu ab ipsis interfectoribus, la Sra. Carmen Silvestre Izquierdo y como testigo presencial el Sr. Luis Soler Pérez, compañero de prisión quien logró escapar al fusilamiento en los instantes previos al mismo. D) Del reconocimiento del cadáver del SdD depusieron de visu, su esposa y su cuñada, la Sra. Dolores Chisbert Quintero. E) Del ambiente hostil a la Iglesia depusieron, de visu, todos los testigos.

4.5.    HORAS AMARGAS

El Siervo de Dios en los días previos a la revolución era consciente de la situación que estaba por afrontar: persecución religiosa y probable martirio. Cuando comenzó la persecución republicana contra la Iglesia, fundó la Derecha Regional Valenciana, en estrecha colaboración con el coadjutor de la Arciprestal de Liria y también mártir don Miguel Aliaga Turó. En dicha entidad congregaron a los jóvenes de Liria a los que procuraban formar auténticamente cristianos. Al comenzar la legislación laica en las escuelas, fundó unas escuelas primarias católicas con ayuda de otros creyentes.

Fray José Miguel Borrachina Lapiedra, en su declaración escrita del 19 de julio de 1997, afirma: “Hablando con su esposa de las dificultades de la Iglesia en tiempos prebélicos decía que tenían que ocurrir cosas peores, como presagiando su martirio”.

V La revolución en Liria inició con el incendio de las iglesias, la quema de las imágenes y objetos religiosos y el encarcelamiento de los católicos. Así lo testimonian todos los declarantes. Al estallar la Revolución del 36 el Siervo de Dios reaccionó como un católico autentico. Las hermanas del Monasterio de San Miguel tuvieron que salir de dicho monasterio violentamente y se refugiaron unos días en el domicilio de Juan

Bautista Faubel, y les decía a las religiosas que no se marcharan de aquella residencia, pues siempre decía que, mientras estuvieran las monjas allí en su casa, no se lo llevarían. Y así se cumplió; el día que las religiosas se marcharon, por la noche se presentaron los milicianos a detenerle. Las monjas dijeron que mientras permanecieron en aquella casa fueron tratadas como hijas y observaron que era un hombre muy bueno.

Una religiosa declara: “Recuerdo que ante las insistencias de su familia para que ocultase un crucifijo del comedor, se negó diciendo que tal crucifijo era el dueño de la casa, y que no se podía ocultar”, Cuando prendieron fuego a la Iglesia Arciprestal, Faubel corrió apresuradamente, y , sin hacer caso de quienes le gritaban, sumió las sagradas formas para que no fuesen profanadas. En este clima de persecución el SdD mantuvo el ánimo sereno, confiando su vida en manos de Dios, y continuando en sus actividades cotidianas con total naturalidad.

Su esposa, y otros testigos en la declaración escrita del 15 de enero de 1957 dicen: “Cuando estalló el movimiento, sus amigos, viendo en peligra su vida, le aconsejaron repetidamente que se escondiera y les contestó siempre:” Que si Nuestro Señor necesitaba su sangre, no tenía porque negársela”. En el mismo modo señala una conocida del SdD: “Al SdD delante de mí le invitaron a que se escondiese un señor llamado Mateu, ya difunto, y a quien si se escondía yo me ofrecía a servirle. El SdD le contestó y yo lo oí perfectamente: “Si mi sangre hace falta para salvar España estoy dispuesto a darla”. Y yo me dije interiormente, sí que es católico de verdad, admirando su temple”. Y confirma este sentir una religiosa del real monasterio de San Miguel de Liria:”En varias ocasiones, sabiéndose perseguido y habiéndole ofrecido sitios parta ocultarse, no quiso hacerlo, asegurando que no tenía por qué esconderse, pues no había hecho mal a nadie”. Y agrega: “En cierta ocasión, días antes de ser detenido oí decir que refirió a un amigo que no se ocultaba porque si Dios necesitaba su sangre para su gloria, no tenía porqué negársela”.

Igualmente una conocida del SdD testifico: “El SdD se mostró muy dispuesto a lo que Dios quisiese. Yo me enteré de que querían detenerlo, y fui a advertirle que se escondiese, y aún cuando su mujer también se lo pedía, él le contestó: “¿Vosotros tenéis fe? Pues si tenéis fe hay que estar dispuesto a dar la sangre por Dios y no tener miedo””. Las deposiciones anteriores son confirmadas por las declaraciones de otros testigos: Sra. Josefina Faubel Olba, hija del SdD, y la Hna. Ana de San Miguel, religiosa del Instituto de las Hermanas de la Caridad de Santa Ana de Liria…

4.6.    DETENCIÓN Y ENCARCELAMIENTO

El 6 de agosto de 1936, a medianoche, llegaron a su casa milicianos armados de pistolas a detenerle. En este momento, después de tranquilizar a su esposa, tomó el crucifijo y salió de su casa. Los milicianos lo llevaron, junto con otros detenidos, a una zona del término de Liria llamado “Els Olivarets” y allí lo atormentaron pinchándolo con una aguja y disparando al aire para aterrorizarlos. Después lo llevaron a la cárcel de Liria donde estuvo un par de días, y posteriormente fue trasladado a la prisión de San Miguel de los Reyes; así lo testimonian su esposa y su hija.

La vida en prisión estuvo caracterizada por malos tratos y vejaciones morales que el SdD supo llevar con entereza cristiana. Pocos días después de su detención, cuando su familia le visitó en la cárcel, les dijo que le habían hecho sufrir mucho en “Los Olivarets”; así lo testimonia la hija y el primo del SdD, Sr. José María Cano Novella. La hija del SdD, afirma: “Tanto en Liria como en San Miguel de los Reyes, vi a mi padre muy sereno. He oído decir que en San Miguel de los Reyes recibió la comunión varias veces”.

En la cárcel estuvo muy animado; así lo testimonian un compañero de prisión del SdD, el Sr. José Rodrigo Nueso, y su primo quien visitó al SdD en prisión. La Sra. Patrocinio Olba Martínez, esposa del SdD, anota que su marido se confesó con el Pbro. Miguel Aliaga durante su permanencia en la prisión. Otro compañero de prisión del SdD, el Sr. Luis Soler Pérez afirma: “Yo fui detenido el 15 de agosto de 1936 y preso en el penal de San Miguel de los Reyes hasta el 28 del mismo. Allí encontré al SdD Juan Bautista Faubel Cano y pude constatar su temple y su fe, destacando la formación cristiana poco corriente y su inclinación a las prácticas religiosas. Su trato era afable y sencillo y admirable la naturalidad con que esperaba su muerte. Su paso por la cárcel dejó una estela magnífica de ejemplaridad y permanece  vivo su recuerdo entre los que le conocimos, como arquetipo de altas virtudes religiosas. En el penal, por aquellos días, no se juzgaba a nadie y en el mes de agosto del 36 alcanzó su cima de odio hacia los católicos por lo que el trato y los alimentos a los presos adquirieron caracteres infrahumanos y la muerte era el fin presentido por todos los que estaban en aquella situación.

Una empleada del SdD, la Sra. Carmen Cotanda Izquierdo depone: “Vi como le sacaban de la cárcel comarcal de Liria y se lo llevaban a Valencia. Salía tranquilo. Luego con su esposa y familiares fui a verle a la cárcel de San Miguel de los Reyes la víspera de su muerte. Hablé con él, y me dijo que le iban a sacar al día siguiente, dándome a entender que le iban a matar, y me dio un cheque para que sacase el dinero del Banco antes que se supiese su muerte, encargando que hiciese lo que pudiese por sus hijos. Antes de sacar el dinero el día siguiente ya supe que había muerto. Saqué el dinero, lo llevé a su casa, dando la noticia a la mujer”

4.7.    EJECUCIÓN

La muerte del SdD está probada mediante el certificado de muerte y la documentación sobre el martirio del mismo, se encuentra en al Sección Causa General del Archivo Histórico Nacional de Madrid, Legajo 1379 (2), tomo 43, folio 3. El día 28 de agosto de 1936, a la madrugada lo sacaron de la cárcel, con doce más, y los llevaron a la carretera de Valencia a Ademuz, término de Paterna, donde fueron asesinados. Murió al grito de “¡Viva Cristo Rey!”, cumpliendo una promesa particular de morir con el Crucifijo en la mano; así lo testimonia la Sra. Patrocinio Olba Martínez, esposa del SdD, confirmado en su declaración escrita del 15 de enero de 1957. Confirmado por la deposición de la Sra. Josefina Faubel Olba, hija del SdD.

El Sr. Luis Soler Pérez, compañero de prisión del SdD, llegó a encontrarse ante el pelotón para ser fusilado, afirma: “El día 28 de agosto de 1936, a la una de la madrugada estando durmiendo, los milicianos llamaron al SdD y a once más, entre ellos a dos sacerdotes, un diputado republicano llamado Ángel Puig y a mí. Subimos a un autobús y custodiados por tres coches milicianos rojos. Desde el penal de San Miguel de los Reyes nos condujeron por la carretera de Liria a la Cañada y frente a la misma Cañada en un montículo nos colocaron en fila para fusilarnos. El citado Ángel Puig se destacó de la fila haciendo protestas de republicanismo y distrajo la atención de los asesinos y cuando fueron a darle el tiro de gracia aproveché esa circunstancia para escapar aprovechando la oscuridad de la noche”.

La Sra. Carmen Silvestre Izquierdo, vecina del SdD, declara:” Estando yo limpiando la acera de mi casa un miliciano que salía del local de la CNT situado enfrente y a quien no  conozco me dijo: “Liriana, esta noche han matado a cuatro paisanos tuyos, uno es el pirotécnico, el otro un cura con una mano enguantada”, yo pensé que sería el SdD y el sacerdote D. Miguel Aliaga… mi padre me confirmó que cuando los llevaban al martirio iban gritando : “¡ Viva Cristo Rey!”.

4.8.    SEPULTURA, EXHUMACIÓN, TRASLADO E INHUMACIÓN DE LOS RESTOS MORTALES

La cuñada del SdD, Sra. Dolores Chisbert Quintero afirma: “Así que me enteré de la muerte del SdD, junto con las hermanas de otros asesinados, fuimos a buscar los cuerpos, encontrándolos ya en el cementerio de Paterna. Un escopetero que custodiaba dichos cadáveres, al decirle y a quien buscaba, me dijo que lo podría identificar, pues los ejecutores tuvieron interés en que conservase detalles de su personalidad. Pude reconocerle y entonces me dijo el referido escopetero que el SdD había muerto con un crucifijo en la mano, que entonces no  lo tenía ya. Al darle sepultura en un nicho guardé un escapulario de la Virgen del Carmen, que llevaba al pecha el SdD. El cadáver del SdD estaba natural, como si estuviese durmiendo. Actualmente está enterrado en un nicho del cementerio de Liria”.

La esposa del SdD, declara:” Mi cuñada lo vio muerto y lo enterró, guardando el escapulario lleno de sangre, en el cementerio de Paterna con los demás, en nicho. Actualmente se encuentra en un nicho del cementerio de Liria. Con ocasión del traslado vi su cadáver. Un criado de la casa (ya fallecido) fue al lugar de la ejecución y reconoció su cadáver, viendo que llevaba un crucifijo en la mano y no pudiendo arrancárselo. Esto lo contó él a una religiosa, ya fallecida, la cual me lo refirió a mí”. Confirmado por los siguientes documentos: Certificado de defunción y Certificado de lugar de la inhumación.

4.9.    EL MARTIRIO FORMAL

Es útil recordar la doctrina del Card. Lambertini. 1.- El martirio formal por parte del perseguidor: Por parte del perseguidor – los milicianos rojos o brazo armado de la extrema izquierda – no podía ser otro motivo para asesinar al SdD sino el odium fidei. En el Summarium se encuentran las pruebas evidentes de esta afirmación. Buscaban sistemáticamente a los católicos; odiaban todo lo que se relacionara con la religión católica y sus símbolos. Los milicianos sabían que era un fiel laico comprometido apostólicamente y por esto lo hostigaban, como quedó probado en la Informatio. 2.- El martirio formal sufrido por el SdD. Antes de la Revolución el SdD hablaba del martirio y esperaba el sucederse de los acontecimientos, como se puso de manifiesto en la Informatio. El SdD, seglar consciente de su vocación de cristiano en las realidades temporales, fundó la Derecha regional valenciana en estrecha colaboración con el coadjutor de la Iglesia arciprestal y al iniciarse la legislación laica en  las escuelas, fundó unas escuelas primarias católicas; como quedó demostrado. Durante el encarcelamiento el SdD manifestaba su adhesión a la fe cristiana. Murió con el crucifijo en la mano gritando: ¡Viva Cristo Rey!

4.10.    LA FAMA DEL MARTIRIO

Sentir común: Entre quienes supieron de la muerte del SdD fue unánime el concepto de auténtico martirio. Algunas personas se encomiendan a la intercesión del SdD- Sentir de algunas personas: Los distintos testigos que han testimoniado en el proceso ordinario afirman que el SdD sufrió un verdadero martirio. En el mismo modo se expresa Fray José M. Borrachina Lapiedra OFM, en su declaración escrita del 19 de julio de 1997. Otros documentos: La fama de martirio del SdD se puede probar también a través de otros documentos que  son comunes a todos los SdD. (Cf. La documentación concerniente al SdD Rafael Alonso Gutiérrez, pp.34-35, n.46. Algunos documentos específicos para este SdD en el libro de José María Borrachina Lapiedra OFM, Sacerdotes de Liria, Valencia 1989, pp.63, 65,222-223. La próxima beatificación del Siervo de Dios Juan Bautista Faubel ha despertado una gran alegría entre los pirotécnicos valencianos. El Presidente de la Asociación de Pirotécnicos PIROVAL, el Sr. Juan José Bronchú ha manifestado: “Es un orgullo y una satisfacción para su familia, los Faubel, pero también para todos los pirotécnicos valencianos. Nosotros le tenemos mucha devoción a Santa Bárbara, a la que rezamos y nos encomendamos, pues nuestra profesión es muy peligrosa, pero creo que sería estupendo que un valenciano, y además de Liria, fuera también nuestro patrón”. Conforme se conoce su figura se tiene interés por saber la trayectoria humana y cristiana de este seglar. Una vez beatificado, quieren proponerlo como patrón de los pirotécnicos. – Cf. PARAULA- Iglesia en Valencia nº. 604, de 12 marzo del 2000).

  1. LO  FUNDAMENTAL

El santo es bastante más que una persona buena o, incluso, muy buena. El santo es, básicamente, el cristiano que, desde su  situación en la Iglesia por el bautismo, y por haber sido fiel a la acción del Espíritu Santo, ha recibido en eficaz plenitud la gracia de la obra redentora de Cristo. Por eso es testigo vivo de Dios, y motiva a la Iglesia a un constante proceso de fiel escucha de su Palabra, y por lo tanto de conversión.

Evangelizar a un mundo en crisis es la tarea constante de la Iglesia. En la relación final del Sínodo de los Obispos de 1985, se dice: “La evangelización se hace por testigos; pero el testigo no da sólo testimonio con las palabras, sino con la vida”.

El santo, si por algo se distingue siempre es por su amor y su fidelidad a la Iglesia. Y la enseñanza que el santo aporta tiene cumplida vigencia al ser asumido y propuesto por el magisterio eclesial. La canonización – o beatificación – de un cristiano por parte de la Iglesia equivale a ratificar su vida y doctrina propuesta en su vida. El santo acaba enseñando siempre  por medio de la jerarquía de la Iglesia.

En los momentos más críticos de la historia – y crítico es el momento  presente – han sido los santos quienes, con un comportamiento de amor sincero a la Iglesia, han puesto de manifiesto las debilidades eclesiales y han promovido su recuperación penitencial. No fueron los grandes de este mundo, sino los santos de cada momento quienes obraron el decisivo y  crucial cambio en el seno de la Iglesia, e incluso de la sociedad. Ellos han sido instrumento de vida cristiana entre el pueblo.

Con sencilla grandeza, como corresponde a un santo, Juan Bautista Faubel Cano no  tuvo otra forma de conducta que ayudar a quien necesitaba de su ayuda. El modelo de su vida, como la del resto de los santos, fue Jesucristo. Juan Bautista Faubel es, por consiguiente, como seglar consciente de su vocación de Cristiano, un acuciante estímulo de conversión para las parroquias de Liria. Y las debe impulsar a profundizar en los caminos de la perfección cristiana. Los santos del pasado abrieron siempre caminos nuevos, y caminos idénticos continúan abriendo los santos en los tiempos modernos.

Nuestras parroquias han de estar viviendo siempre en movimiento de purificadora conversión hacia Dios; lo mismo los movimientos y grupos apostólicos. Y esta conversión dentro de la Iglesia, quienes la promueven con su propia vida son los santos. Ellos, hombre y mujeres, indiscriminadamente, desde la finura de su espíritu le descubren a la Iglesia la virtud propia que debe alcanzar en cada situación histórica. En este sentido Juan Bautista Faubel Cano ejerce la constante acción penitencial que mueve a la práctica de la virtudes cristianas en cada circunstancia y da testimonio de Dios dentro del mundo.

Como conclusión tenemos que afirmar que el Siervo de Dios Juan Bautista Faubel Cano, con su conducta de fidelidad al Espíritu Santo, ha llegado a ser un fruto maduro del conocimiento en profundidad de la palabra de Dios. Lo que equivale a reconocer que nuestro Mártir coopera en el conocimiento correcto del misterio de Dios y de lo que anuncia la Iglesia. Ese hombre de fe profunda que  participaba en la Misa y  comulgaba diariamente, que era devoto de la Madre de Dios y  rezaba el Rosario en familia, ese catequista y apóstol social seglar, de intensa vida de piedad que fue disponiendo su persona para el apostolado organizado, ejerce, para los cristianos no sólo de Liria sino de la Archidiócesis de Valencia y  de la Iglesia universal, una influencia de iluminador estímulo, por cuanto demuestra que es posible ser fiel a la gracia de Dios en cualquier estado de la vida. Los profesionales de la industria pirotécnica, el mundo festivo de la inventiva artística y de las fallas tienen en Juan Bautista Faubel Cano un arquetipo-

Con su comportamiento, Juan Bautista Faubel Cano se convierte en maestro y estimula a llevar el compromiso de la fe hasta las últimas consecuencias. Ésta es la gran repercusión pedagógica de nuestro Mártir. Por ello, al  honrarlo, nos dirigimos con un gesto de gratitud a Dios Nuestro Señor, que nos muestra a través de este seglar, el camino que conduce hacia Él.

  1. NOBLEZA ESPIRITUAL

“Y seréis mis testigos hasta los confines de la tierra”, dijo Jesús a los Apóstoles. “Mártir” es igual  a “testigo”. Quien testimonia a Cristo dando la vida o padeciendo por su amor, o por la verdad de su doctrina ese “confiesa la fe”. El que acepta y  sufre con firmeza y paciencia –virtudes recomendadas por Cristo- la persecución y la muerte por odio a la fe del Maestro, a ese la Iglesia lo considera mártir. El martirio es, por tanto, el reconocimiento de la paciencia cristiana,  en cuanto que ésta imita y se asemeja a la muerte de Jesús, quien fue conducido al patíbulo por confesar claramente su propia divinidad “¿Eres tu el Hijo de Dios?””Yo lo soy”. Y el tribunal falló:”Reo es de muerte”.Cristo en el tribunal y Cristo en la cruz es, pues, el primer mártir. Y usando una frase de San Agustín, Cristo es el modelo de los mártires.

Desde los primeros siglos la Iglesia ha considerado el martirio como el título mayor que puede alcanzar un cristiano. Y Juan Bautista Faubel Cano ha sido digno de recibir esa aristocracia espiritual.

Ramón Fita Revert

Delegado Diocesano para las causas de los Santos

Valencia, 9 abril, 2000

De conformidad con los

Decretos del Papa Urbano VIII,

en nada se pretende prevenir

el juicio de la Santa Iglesia.

Publica la

Delegación Diocesana

para las

Causas de los Santos de la Archidióceis de Valencia

*

2000

Palau, 2

46003 – VALENCIA

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